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Información
CEREBRO Y LENGUAJE
La producción de lenguaje y del habla
depende de sistemas cerebrales que inervan los músculos y coordinan
los movimientos de los pulmones, cuerdas vocales, la mandíbula y los
labios. La comprensión del lenguaje depende de sistemas cerebrales
que transforman la información acústica que llega al tímpano del
oyente o la información visual que llega a sus ojos en el caso de
usarse el lenguaje de signos o de mensajes escritos. Los aspectos
más importantes implicados en el procesamiento del lenguaje
comprenden transformaciones preceptúales en las cortezas visual y
auditivo; procesos de control motor mediados por la corteza motora,
los ganglios basales y el cerebelo; además de procesos de memoria-
tanto de memoria a largo plazo como de memoria de trabajo- que
implican estructuras del hipocampo medial temporal y estructuras del
lóbulo frontal; a lo que se unen cambios atencionales dirigidos,
mediados por los lóbulos parietales. Por tanto, en el procesamiento
del lenguaje existe una implicación cerebral muy extensa. No
obstante, de este hecho, algunas zonas cerebrales son más relevantes
en el procesamiento del lenguaje que otras.
Ejemplos son un área de la corteza
frontal (áreas 44 y 45 de Brodman), conocida como área de Broca y un
área en la corteza parietal (área 22 de Brodman), conocida como área
de Wernicke. El daño cerebral del área de Broca, que suele incluir
daño en el tejido subcortical y la materia blanca, produce una
afasia que se caracteriza por un habla con falta de fluidez,
“telegráfica” con omisión de palabras funcionales pero con una
comprensión intacta. Al contrario, el daño que implica al área de
Wernicke da lugar a una afasia “fluida”, el habla se produce con una
tasa y fluidez normales, aunque con numerosas sustituciones y
paráfrasis, en cambio la comprensión está seriamente comprometida.
Actualmente la contribución específica al procesamiento del lenguaje
del área de Broca y de Wernicke está aún en discusión (motora vs.
sensorial, sintáctica vs. semántica), aunque su importancia para el
funcionamiento normal del lenguaje está demostrada.
Recientemente se ha aislado un área en
el giro basal temporal, un área conocida como área de lenguaje basal
temporal, que tiene importancia en el procesamiento de palabras. La
estimulación de esta área en pacientes epilépticos sometidos a
intervención quirúrgica produce trastornos de lenguaje que abarcan
desde una simple anomia a afasias globales de tipo expresivo y
receptivo. No obstante, estos trastornos son temporales, lo que
sugiere que las funciones de esta área pueden suplirse por otras
áreas cerebrales. Actualmente se considera que esta área basal
temporal tiene una función importante en condiciones normales.
Con el desarrollo de las técnicas de
neuro-imagen, se ha podido constatar la importancia, aunque no la
necesidad, de una serie de otras áreas cerebrales para un
funcionamiento normal del lenguaje. Así se ha encontrado un área
prefrontal izquierda importante en tareas que requieren la
producción de lenguaje o de juicios semánticos. Aunque en general
existen aún considerables dificultades en emparejar determinados
hallazgos con trastornos específicos.
Por otra parte, la clínica muestra que
en el 95% de los casos de afasia, la causa suele ser un daño
“localizado” en el lado izquierdo del cerebro. Incluso entre los
individuos zurdos que presentan alteraciones afásicas, un alto
porcentaje tiene lesiones cerebrales en el lado izquierdo. En
algunos casos extremadamente raros en los que la afasia se debe a
lesiones en el hemisferio derecho, el paciente casi siempre es zurdo
y las alteraciones del lenguaje tienden a ser menos intensas y
perdurables. La gravedad de la afasia y su pronóstico de
recuperación depende de la extensión de la zona dañada y su
localización exacta, del tipo de lesión y de la medida en que otras
áreas del cerebro aparte de las del lenguaje están afectadas. La
incidencia de la afasia es generalmente súbita. Las causas más
frecuentes suelen ser ictus o traumatismos cráneo-encefálicos,
aunque existe también una afasia primaria que aparece de forma
gradual, sin que haya habido ningún daño cerebral manifiesto.
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